Los Cuentacuentos
Desde hace ya unos años ha cambiado el modelo de competencia internacional a la hora de atraer inversiones extranjeras sea permanentes o estacionales como el turismo. Se ha trasladado del plano de países, al plano de ciudades. Ahora son las ciudades las que compiten. Compiten al margen de la nacionalidad. Barcelona, con Valencia, con Hong Kong o con San Francisco. Un claro ejemplo son las candidaturas para eventos de repercusión mudial como las Olimpiadas, donde es feróz. La fiebre de la arquitectura de autor. Una arquitectura donde el dirigente político busca ponerle a la ciudad un lazo, un icono, una etiqueta con nombre reconocible a nivel internacional que ayude a vender. No deja de ser una forma muy poco creativa de cumplir con el ciudadano. Los grandes estudios de arquitectura se convierten en pseudo franquicias, y al final lo que se pretendía se pierde por el camino de la globalización. No estoy en contra de los estudios de arquitectura internacionales, solamente estoy en contra de su contribución a la pérdida de identidad. Es triste visitar una ciudad y no percibir su verdadera identidad, la personalidad de la ciudad, aquello que define su esencia su historia e idiosincracia.
A veces, o más bien a menudo, creo que hacen falta más contadores de historias, más cuentacuentos. Antaño, eran los informadores de la periferia. Los cuentacuentos daban las noticias de lo que acontecía en los lugares de los que venían y luego contaban una historia. Eran como las abejas, que al posarse en la flor la polinizan. Los cuentacuentos eran un medio de difusión cultural maravilloso. Cuentos para mayores y cuentos para niños. Lo tenemos registrado en la memoria de la infancia, ahí junto a los besos de buenas noches, a los abrazos de oso, a las bendiciones maternales. Hace un año ví varios. Estaban en la plaza Djemaa el’Fna, en Marrakech. Para verlos era necesario hacerse camino entre el círculo de gente que venía desde los pueblos de la periferia y que en su mayoría eran, y probablemente lo sigan siendo, analfabetos. Poco tiempo después me alegró comprobar que no son una especie del todo extinta en España. Los encontré en diciembre, estaban en su habitat natural, una plaza, rodeado de enanos que hambrientos de aventura escuchaban atentos.
Sirva esto para reinvidicar la existencia de los cuentacuentos, el uso de las plazas y la constante defensa de la identidad cultural, social y arquitectónica de cada ciudad. Espero que lo malo de la globalización no gane ésta batalla. Quisiera seguir viajando y descubriendo cosas nuevas, y como dice un amigo, gran viajero el puñetero,….. aprender. Viajo para aprender, viajo para encontrarme, y no quiero que vaya a donde vaya siempre encuentre lo mismo. ¡Viva el folklore, los cuentacuentos y la vida exterior, lejos del televisor y del centro comercial!
Bueno, al menos esa es mi opinión….






11 Febrero 2008, 6:38 pm
Que sorpresa tan agradable encontrar una reivindicación del cuentacuentos y mayor aún es el encanto cuando aparece en un blog como este “urbanismo, sociología y tecnología”.
Me sumo entusiasmada a esta reflexión pero me gustaría dar un paso más, la responsabilidad de muchos de ejercer de cuentacuentos; sobre todo los viajeros aquellos que han podido viajar a otro tiempo, a otro país o a otra frecuencia tienen la responsabilidad de transmitir, de convertirse en nodos y no en cortocircuitos.
Las vivencias que me narra un amigo con su abuelo me cuentan más sobre las costumbres y cultura de un pueblo que cualquier libro de texto. Lo descubrimientos estéticos que otro cuelga en un blog me transportan a otra frecuencia.
Hay historias que se deben contar en intimidad, otras a voz en grito. Pero en cualquier caso se necesita el espacio, se necesitan plazas, cafés, chocolaterías, aceras anchas… y ahora me doy cuenta, muchos blogs.
(También se necesita tiempo pero este sería asunto de otro blog)
Hablamos de posibilitar sistemas emergentes, de tejer entramados sociales, de posibilitar conexiones, de ciudades con vida, de la necesidad del “buen espacio” y “buena tecnología”….pero todo esto se cuenta en un libro que abarca los temas que rotulan este blog:
Emergence: The Connected Lives of Ants, Brains, Cities, and Software
by Steven Johnson
28 Septiembre 2008, 3:45 am
estupendo, este blog es fiel reflejo de la filosofía de este artículo (a mí con ese cuento) c’est la vi, mon ami