Comunidad y Privacidad
En el presente post quisera realizar un análisis del triángulo comunidad, intimidad y ocio. Cuando el ciudadano se convierte en turista ocasional, como consumidor de ocio que es. Porque al fin y al cabo, el ser humano necesita diversión pero también necesita intimidad y recogimiento.
La ciudad es una máquina, que se desajusta fácilmente, generando grandes costes económicos. Se deben de focalizar esfuerzos en concentrar demanda frente a oferta, en lograr una densidad que constituya la suficiente masa crÃtica como para garantizar el sostenimiento de una oferta amplia de servicios y productos durante todo el año, dotando de este modo de atractivo a la zona.
La patologÃa del aburrimiento.
Si el usuario consume el mismo ocio una y otra vez, al acceder a una oferta escasa, se encontrará con que su ocio, parte fundamental de su desahogo y por tanto de su equilibro, se convierte en una experiencia insatisfactoria. Entre más divertida sea la ciudad, más felices son sus habitantes y más atractiva será para turistas o ciudadanos en potencia. El ideal es llegar a lograr una ciudad participativa, que no resulte hostil para el visitante o el ciudadano, donde exista un equilibrio entre oferta y demanda.
‘Cada falla de diferenciación en su estructura fÃsica significa una restricción en las posibilidades de elección y, por tanto una negación del verdadero urbanismo.’ (Edouard Sekler – Daedalus 1960).
Es importante que a pesar de las amenazas derivadas de la globalización, la ciudad mantenga una personalidad propia no ajena a las comodidades y exigencias de los usuarios (transporte, telecomunicaciones, servicios,… ) pero sà que de algún modo sea fácilmente descriptible, fácil de retener en la memoria por lo sencillo y profundo de su personalidad, la esencia de la ciudad. Algo asà como, la identidad. Personalmente creo que los dirigentes de muchas ciudades se están apoyando en el uso de arquitecturas de autor o de proyectos singulares, con el fin de diferenciarse de otras, o de dar una imagen de modernidad. Pero desde mi humilde punto de vista el resultado es otro bien distinto. Encuentras hoy dÃa proyectos de autor casi idénticos en ciudades de occidente y oriente, proyectos emblemáticos (pretenciosamente denominados), que no tienen sentido alguno en donde se enclavan. Pierden lo que define a la ciudad, lo que hace que una sea distinta de otra, la identidad, la escencia. Mi consejo es que no pierdan nunca de vista el origen de esa ciudad, su naturaleza.
La búsqueda de lo pequeño:
Enfermedad crónica que padece el hombre urbano: el descontento causado por la fundamental monotonÃa de una existencia embargada por la ansiedad.
Perjuicios invisibles:
El aparente incremento de la variedad de que parece gozar nuestra rica sociedad industrializada puede ser una nueva forma de monotonÃa creada por los artÃculos de producción masiva. Más y más se convierte en menos y menos, y la mera repetición cuantitativa de acontecimientos individualmente estimulantes anula, en definitiva, la eficacia de estos. El calidoscopio gira hasta alcanzar la monótona apariencia del gris en la rueda cromática..’
‘ El equilibrio que la naturaleza procura a los organismos vivos parece ser un compuesto de contrastes integrados en una relación dinámica. El mundo construido por el hombre deberÃa de ofrecer, por lo menos, algo semejante.’
El automóvil como medio de diferenciación más que de transporte. El 80% de su vida está parado y por tanto es inútil y consume recursos espaciales de gran valor. El individuo personaliza su automóvil como una prolongación de sà mismo.’
Insonorización y bullicio.
La intimidad, paralelamente a la invisibilidad, se encuentra fuertemente ligada a la ausencia o al menos a la evasión del ruido. Nuevos sistemas de combatir el ruido mediante ondas (ruido).
El ruido envÃa constantemente información a nuestro cerebro que es procesada solo a medias, pero que causa agotamiento. Interferencias en el sueño, la imposibilidad de descanso. DecÃa el arquitecto Jaime Lerner: ‘ El ruido es el sonido que no quieres oir’
El ciudadano/a se somete a la actual falta de independencia, de quietud, de soledad y de oportunidades para realizar experiencias personales directas como si la pérdida fuera inevitable, e ignora por lo tanto los beneficios potenciales que deja escapar. Con todo, lo que actualmente parece apatÃa muchas veces es simplemente el resultado de la confusión creada por la mera cantidad. ¿Saben cuántos impactos publicitarios tiene un ser humano al dÃa? Según estudios de la Universidad de Berkeley, el estadounidense medio recibe 7.500.
BibliografÃa:
‘ Comunidad y Privacidad’ - Serge Chermayeff





